"Tienes que pensar en mi cuando escribas. Tengo que ser tu musa"
Cuando me dijiste estas palabras, no les di la importancia que merecian. Ya escribia antes de conocerte a ti, y en mi enorme narcisismo pensé que siempre sería así. Pero creo que me equivocaba.
Hace meses que ya no estas, y meses son los que he estado sin escribir. Ni una mísera línea. De hecho, me cuesta la vida escribir estas. Siempre he pensado que tenia algo roto dentro, y que eso me empujaba a escribir, a pasar las noches en vela, a no estar satisfecho con la vida y a estar listo para empezar una pelea a la primera de cambio.
Pero todo se ha ido contigo.
Soy un cuentacuentos mudo. Un Aquiles que no tiene herido el talón, Dorian Gray sin su retrato.
Me quemaste como a Roma después de haber levantado París en mi, y algo se ha perdido en el proceso. Me digo que ni siento ni padezco, y en parte es cierto.
Luego pienso en todo lo que ya nunca te escribiré, y vuelvo a sentirlo todo. Pero ¿Cómo voy a explicarlo?
Todo el mundo sabe que sin musa, no hay poeta...
No hay comentarios:
Publicar un comentario